Yago School pisotea los derechos del niño

Según el reglamento interno del colegio Yago School, los alumnos tienen derecho “a la igualdad de oportunidades y a la no discriminación por razones de raza, religión, sexo, características físicas, extracción social o cualesquiera otras”. 
Pero para el hijo de Ricardo e Iván esta norma no se aplica. Tiene solo tres años, y su admisión en el colegio depende de cómo se presenten  sus padres. Si Ricardo pide la admisión de su hijo presentándose como como familia homoparental, le contestan que no hay plazas. Pero si Iván solicita visitar el colegio sin mencionar su orientación sexual,  repentinamente vuelve a haber plazas disponibles.
El matrimonio preguntó a varios vecinos heterosexuales que estaban interesándose por llevar a sus hijos al mismo colegio. Y les respondieron que había plazas para todos los niños, incluso para los que habían solicitado información después que Ricardo. Intentando encontrar explicación a este fenómeno, Iván decidió revelar al colegio que era el marido de Ricardo, a quien previamente le habían denegado la plaza para el mismo niño… la responsable de admisiones palideció, intentó excusarse en error administrativo y prometió que todo se iba a solucionar. Pero la solución no llegó, y una semana después Yago School les comunicaba que no había plaza para el niño.
A este colegio se le llena la boca diciendo que uno de sus objetivos educativos es “promover los valores que fomentan el respeto a los Derechos Humanos y el diálogo”. Sin embargo, se pasan los derechos del niño por el forro y discriminan a una criatura de tres años por la orientación sexual de sus padres.
Esta institución educativa anima “a los alumnos a cooperar con los otros, ser sensibles a las necesidades de los demás y respetar otras culturas, religiones y modos de vida”… pero siempre que los otros estén fuera del colegio, siempre que los demás estén en algún sitio donde no se les vea, donde no molesten.
Queda claro que estas frases extraídas de su web no son más que humo. Poco se puede esperar de la calidad de enseñanza de un colegio que no es capaz de aplicarse sus propios valores. 
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